Y me encuentro aun aquí,
hablándole al cielo.
Tiene unos brazos grandes
y una sonrisa que sabe a destellos
va completamente vestido,
va vestido de estrellas.
Da miedo este gigante
que me acaricia la cabeza,
que me ve vivir y no dice nada.
Y quisiera contar sus estrellas,
para conocerlo mejor,
para saber que es mi amigo.
Y estrellas ¿cuántas hay?
Muchas, demasiadas...
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